martes, 8 de agosto de 2017

La identidad del niño en el libro-álbum

La identidad del niño en el libro-álbum
Adriana Benítez Núñez

Los libros ilustrados para niños han sido considerados a menudo como objetos-juguetes que  carecen de profundidad argumentativa. Uno de los motivos por los cuales esta creencia popular se ha extendido, es quizá, por las profusas secuencias de imágenes que contienen y la escasez de texto,  sin embargo la imagen en algunos libros infantiles se encarga de narrar mejor que las palabras el mensaje que quiere transmitir, incluso en temas complejos de abordar a edades muy tempranas, como la construcción de su identidad y la comprensión del otro. 

Hablaré de dos ejemplos de libros-álbum en los que el protagonista principal, un niño, pasa por una transformación en una situación de tensión dramática y se convierte en un monstruo. “Donde viven los monstruos” de Maurice Sendak y “Ahora no, Bernardo” de David McKee. La figura del monstruo se ha tocado en múltiples ocasiones dentro de la literatura, pero en estos dos libros el monstruo no es un personaje más, si no que es el mismo protagonista (al estilo de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde) 

Emma León, en su artículo “El monstruo” desarrolla la reelaboración de la identidad a partir del abordaje de estos seres fantásticos:

“El estudio de los monstruos (teratología) es un vehículo privilegiado para abordar este tipo de fenómenos no sólo generados en el imaginario colectivo sino también aparecidos en la experiencia concreta de una persona, un grupo o una comunidad que, en su lucha por habitar una franja de mundo, entra en contacto con otra formación humana que lo percibe como un peligro a su integridad y en consecuencia, lo deforma hasta dejarlo irreconocible para cualquier canon de lo tolerable” (León, 2009: 61)

En ambos libros, el lector va al encuentro del otro. Ese otro que puede ser un niño igual al él, que hace las mismas actividades, que incluso podría parecerse a él. Pero cuando los personajes se convierten, el lector se ve como alguien distinto, que se comporta y luce diferente, pero sigue siendo él mismo. Si bien la autora aclara que su texto no pretende utilizar el ícono del monstruo, sino su metáfora, resulta de suma utilidad para los niños el poder objetivar de un modo más tangible los miedos, lo desconocido, lo ajeno.

Max y Bernardo (los protagonistas de éstos álbumes) se transforman en monstruos, en niños que salen de los cánones establecidos del comportamiento habitual, del deber ser. El monstruo se ve, según la autora como una alteridad inaprensible: “En él se conjugan todas las diferencias, desviaciones, y prohibiciones respecto a las leyes que rigen la sociedad y la naturaleza de una comunidad particular” (León, 2009: 64)


En esta ilustración, Max se asume como “Monstruo”, cuando se pone su traje de lobo y hace toda clase de travesuras, por ejemplo, intentar comerse a se propio perro.

Los niños confrontan su identidad y el rol que desempeñan en su familia al observar estas imágenes.   Es decir, los monstruos sólo pueden serlo en ciertos contextos, tiempos y lugares. En “Donde viven los monstruos”, Max viaja a la isla de los monstruos donde lo eligen como el rey. Estando entre ellos su conducta ya no es reprochable ni distinta. El marco de referencia que rige su sentido ha cambiado, y el rol desempeñado, también. 

Por el contrario, en “Ahora no, Bernardo”, el niño se vuelve un monstruo pero el espacio que habita no cambia. Sigue siendo su propia casa, los mismos padres, y el mismo rol el que debe desempeñar. 



Aparentemente, un monstruo se ha comido a Bernardo, ha tomado su lugar y sus padres ni siquiera se dan cuenta. Así que el monstruo debe dejar de hacer “cosas de monstruo” y hacer “cosas de niño”, como comerse la cena e irse a dormir. 

La famosa expresión He creado un monstruo cobra sentido cuando nos damos cuenta que estos seres sólo existen cuando aquello que representan nos provoca un choque, un conflicto frente a lo que nosotros mismos somos. 

Emma León menciona que los atributos que nos hacen alejarnos del otro son los relacionados con lo terátino (rasgos exclusivos del monstruo) y que tiene que ver con lo bestial. El título original de “Donde viven los monstruos” es “Where the wild things are” (Donde las cosas son salvajes). Todas nuestras actuaciones se dan en el marco de lo social, por lo que aquellas actitudes incivilizadas y que nos remiten a los animales son las que provocan la ruptura frente a nuestra identidad. 

Si bien hay aun muchas cosas que analizar sobre la construcción de la identidad y la aceptación del otro a partir del uso de estos libros, un buen comienzo es llevar este análisis al la relación del mediador con el mismo niño y su otredad. 



  • León, E. (2009) Los rostros del otro. Universidad Autónoma de México. México. 
  • McKee, D. (2014) Ahora no, Bernardo. Alfaguara. México
  • Sendak, M. (2006) Donde viven los monstruos. Alfaguara. México

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