martes, 6 de enero de 2015

Breve historia del cartel para la promoción de la lectura (Primera parte)

El cartel se ha utilizado desde hace mucho tiempo con el objetivo de acercar a la población a los libros, a la información y a la lectura.  Si bien aparenta ser sólo un medio para comunicar,  se ha convertido en un poderoso instrumento que además transmite una ideología a través de la combinación de imágenes y texto.

Actualmente se llevan a cabo concursos y se montan exposiciones sobre las diversas obras que se crean a partir de la realización de afiches de fomento a la lectura, sin embargo, como ya lo hemos mencionado, esta estrategia es bastante antigua.

 Como muchas cosas en esta vida, las hay buenas y malas. Lo mismo sucede con los pósters. Hay algunos que lejos de invitar a alguien a leer, más bien lo ahuyentan:

                                                      
Hay algunos que se han convertido en una mera estrategia de mercado de cadenas de librerías y nada tienen que ver con el verdadero sentido de la promoción de la lectura.  Hay otros que solucionan de manera simplista y "creativa" el problema de la falta de lectores en nuestra sociedad:



Hay algunos muy ingeniosos y con una propuesta artística interesante, que obligan al público a hacer un ejercicio de análisis para comprender o interpretar el mensaje:

Juan Camilo Mayorga

Sin embargo, nuestra intención es rescatar aquellos que consideramos que ejercen además de la función propia para la cual se crearon, una influencia estética y una postura a partir de la propuesta del ilustrador. Pero ¿de dónde o cómo surgen estos carteles?

El origen del afiche para fomentar la lectura parece remontarse inicios del siglo pasado, pero en esta entrega hablaremos de la etapa previa al inicio de la segunda guerra mundial, en Estados Unidos donde la gente tomó múltiples roles para apoyar el esfuerzo de  la guerra.

La biblioteca pública de Illinois en Chicago, a través de la WPA (Work Progress Administration) publicó entre 1936 y 1940 una serie de carteles que promocionaban algunas actividades de la institución, como círculos de lectura, la semana de la biblioteca, e incluso un club de lectura para niños, pero uno de ellos exaltan el propio acervo y sus ventajas; el otro vincula el regreso a clases con el uso del libro:

 1940






Con la entrada de los Estados Unidos en la segunda guerra mundial en 1942, las unidades gráficas del Proyecto de Bellas Artes de la WPA fue absorbido por la División de Servicios de Guerra del Departamento de Defensa. Esta división produjo centenares de los carteles en apoyo del esfuerzo de guerra, incluido el de fomentar la lectura sobre las contribuciones de los afrodescendientes al esfuerzo de la defensa entre otros temas:

Biblioteca Pública de Nueva York

Al pie de esta foto se lee: "La maestra de sexto grado, vendedora, bibliotecaria, ha estado reparando autos y dándoles mantenimiento, oficios que solían ser  exclusivos de los hombres." 

(Cortesía FDR Presidental Biblioteca, Foto de Ana Rosener). 

Carteles como este fueron producidos durante la guerra tanto para la información pública como para la propaganda. El mensaje se centraban en los deberes de un ciudadano y la importancia de la libertad, y algunos de los lugares donde se colocaban eran bibliotecas públicas.

Uno de los carteles informa sobre un asalto: "Uno de los primeros actos de los japoneses en las Filipinas era destruir una biblioteca estadounidense. La política de los nazis y los fascistas hacia las bibliotecas, los bibliotecarios, escritores de libros y lectores de libros ha sido durante mucho tiempo familiar para nosotros. Los japoneses por su acto de barbarie adoptaron la política nazi para sí mismos...” 

Oficina de Información de Guerra (1942)

Con este agresión, los estadounidenses tomaron el ataque a la biblioteca como un ataque a su cultura, representada por sus libros. Esta fue la respuesta del presidente:


 Los libros son armas en la guerra de ideas (1942)

“Los libros no se pueden matar con el fuego. La gente muere, pero los libros nunca mueren. Ningún hombre y ninguna fuerza puede poner el pensamiento en un campo de concentración para siempre. Ningún hombre y ninguna fuerza pueden tomar desde el mundo de los libros que encarnan la eterna lucha del hombre contra la tiranía. En esta guerra, lo sabemos, los libros son armas” -Franklin D. Roosevelt

Este parece ser el primer cartel de "10 recomendaciones literarias". Cada uno de los títulos es una "bomba", y pertenece a la corriente de "Books are weapons" con la que se militarizó a la literatura en esa época. Su principal pronunciamiento era que las palabras eran más poderosas que la espada (words are mightier than swords).



A partir de su experiencia en la Primera Guerra Mundial, los funcionarios se dieron cuenta de la importancia de los libros durante la guerra. En 1941, se establece un esfuerzo nacional unificado patrocinado por la American Library Association, la Cruz Roja y United Service Organizations (USO). El programa describió un buen libro como un "valioso y convenientemente empacado proyectil para la moral."

El proyecto se hizo conocido como campaña del libro “Victoria” que terminó el 31 de diciembre de 1943. Para muchos, la campaña del libro “Victoria” se pensó no sólo para el entretenimiento de los hombres en el frente de batalla, sino también como recordatorio de los valores culturales de América como la libertad de expresión.

La campaña se convirtió en una parte importante de la causa en Rockford College, en especial porque los nazis eran conocidos por sus ataques contra la libertad académica, incluyendo la quema de libros y los asesinatos de un sinnúmero de estudiantes y profesores universitarios en Europa. La biblioteca pública local anunciaba la unidad con carteles señalando "Libros como munición". 

 

Antes de la distribución, los libros fueron examinados por los miembros de un comité de selección y un bibliotecario. Durante los dos años que estuvo en funcionamiento, más de 18 millones de libros fueron recolectados y alrededor del 56% se seleccionó para su distribución. Los libros fueron empaquetados y enviados para viajar a bibliotecas en campamentos militares remotas.

Continuando con esta tendencia, se siguieron distribuyendo carteles que invitaban a leer, utilizando la temática de la guerra. Se promovía la lectura al mismo tiempo que se continuaba con la propaganda política en los intentos del estado por mantener el espíritu de lucha de los soldados y la solidaridad con la causa entre los ciudadanos.


 

Aunado al contexto político del país, durante esta década, los estadounidenses estaban gastando menos en libros como resultado de las formas alternativas de entretenimiento como la radio, la televisión, las películas y la música. Preocupados por esta tendencia, el Comité Nacional del Libro se formó en 1954 por la American Library Association (ALA) y la American Book Publishers. 

Además, la Oficina de Relaciones Públicas de la ALA se estableció en 1956 para promover el fomento de las bibliotecas y la bibliotecología. En 1957, el Comité Nacional del Libro desarrolló un plan para llevar a cabo la Semana Nacional de la Biblioteca para promover la lectura y el apoyo a las mismas.

Anteriormente observamos que la biblioteca de Illinois ya había realizado su propia semana de la biblioteca, pero esta iniciativa fue a nivel local. Con la ayuda del Consejo de Publicidad, la primer Semana Nacional de Bibliotecas se celebró en abril de 1958 con el lema "¡Levántate y lee!". El presidente Eisenhower declaró que todos los ciudadanos debían participar.


La semana se observó de nuevo en 1959 y el Consejo de ALA votó a favor de continuar con la celebración anual cada mes de abril. Aunque el Comité Nacional del Libro disolvió en 1974, el evento ha continuado bajo el patrocinio de la ALA.

Continuará...

Sitios de referencia:
http://www.4uth.gov.ua/
http://eduscapes.com/

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